Santuario Virgen de la Esperanza

Romeria

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La Romeria al Santuario se celebra la noche del 7 al 8 de Septiembre de cada año.

Tradicionalmente los devotos de la Virgen de la Esperanza se concentraban en el Santuario en la romería anual que se celebraba la noche del día 7 de Septiembre, anterior a la Fiesta Mayor de Nuestra Patrona. En la actualidad, los calasparreños y muchos visitantes realizamos la Romeria al Santuario la noche del 7 al 8 de Septiembre, día en que se celebra la fiesta el honor a nuestra Patrona, con diversos actos civico-religiosos.

El Santuario de la Virgen de la Esperanza recibe visitantes todos los días del año, siendo el tercer Santuario más visitado de España, con más de un millón de peregrinos al año.

 
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La tradición

Esta celebración ha ido cambiando sustancialmente a lo largo de los años. Antiguamente la carencia de carreteras y vehículos constituía un inconveniente para los romeros que el día 7 de Septiembre querían visitar a la Virgen en su Santuario. Ese día cientos de personas de distintas procedencias, en su mayoría de diferentes pueblos de la vecina provincia de Albacete y algunos otros de Murcia llegaban a la estación de Calasparra en trenes contratados exclusivamente para ese viaje y proseguían el camino andando por la falda de la Serratilla hasta llegar al río Segura por su margen izquierda.1

Allí para facilitar el tránsito de tantos romeros que venían andando desde la estación, unos vecinos del Olivarejo, zona cercana al Santuario, preparaban los días anteriores a la romería un estrecho puente de palos con una barandilla sobre el río en el paraje conocido como Soto de las Loberas, por el que iban pasando de uno en uno, previo pago de una pequeña cantidad de dinero que reportaba pingües beneficios a los constructores.

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Ese puente, una vez pasada la romería, era desmontado y sus materiales guardados para rehacerlo el siguiente año.

Muchos de ellos llegaban dos o tres días antes para lo cual venían preparados con mantas, comida, instrumentos musicales y todo lo necesario para pasar la romería alegremente.

Otros peregrinos seguían la carretera que conduce a Calasparra y cruzaban el puente sobre el Segura para continuar su camino río arriba, en su margen derecha, por el Olivarejo y los Naranjos, que en esas fechas estaba bastante despejado de maleza debido a la limpieza que los agricultores de la zona realizaban para poder sacar el maíz o el arroz que en esos momentos estaba casi en sazón.

Como los caminos eran muy estrechos, en algunos lugares eran sólo sendas, los romeros tenían que caminar en muchos tramos de uno en uno. Sobrecogía, sobre todo por la noche, ver aquellas hileras de peregrinos alumbrados con faroles de aceite y antorchas reflejándose en las aguas del río.

Los vecinos del pueblo solían marchar en grupos a lo largo del día 7, sobre todo al anochecer, tomando para ello el camino que llaman del Atajo de la Virgen, y al cumbrar las Lomas bajaban por las Escarigüelas.

Después de la obligatoria visita a la Virgen, los paseos por las placetas, la compra de recuerdos o las paradas en los puestos de turrón y el disfrute del castillo de fuegos artificiales, volvían al pueblo de madrugada.

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Muchas personas, en cumplimento de alguna promesa, vienen andando descalzas desde sus lugares de origen hasta el Santuario. Otras lo hacen desde la estación o desde la entrada al Santuario. Las hay que caminan largos trechos andando de rodillas hasta llegar a la ermita. Resulta impresionante verlas con los Pies ensangrentados y la imagen del dolor en su rostro, pero con la satisfacción de la promesa cumplida.

Cuentan los antiguos que en las romerías, en cumplimiento de promesas, algunas personas se hacian velar en vida en la ermita del Santuario como si realmente hubiesen muerto, lo que ha creado la llamada leyenda de "Las Amortajadas".
Ya llegados al Santuario acondicionaban un lugar para el descanso, generalmente en el . interior de la cueva-refugio, en la que dormían hacinados, cada uno donde podía. Mientras, en el exterior, se disfrutaba de un incomparable ambiente de alegría con bailes y canciones al son de alguna guitarra o bandurria acompañadas de postizas. También se asistía a los actos religiosos que se venían celebrando a lo largo de todo el día y la noche.
Venidos en carros, caballerías y en los mencionados trenes de todos los pueblos de alrededor, el Santuario se convertía esa noche en un hervidero de gentes de todas clases que deambulaban por las terrazas y se paraban en los "chiringuitos" y puestos de turrón, para reponer fuerzas, o en los tenderetes de juguetes para comprar algún recuerdo que llevar a los familiares.

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Familias enteras y grupos de amigos se reunen alrededor de las viandas que traen preparadas, siendo lo más tradicional el pollo o el conejo fritos con tomate y la tortilla de patatas a las que acompan la insustituible bota de vino que no dudan en compartir con algún, conocido que pase junto al grupo.

La mejora de las comunicaciones y los vehículos, así como el aumento de espacios y de servicios han producido un auge muy considerable de los visitantes del Santuario, que vienen cualquier fecha del año y a cualquier hora del día, así como también un cambio en la romería, que se han tenido que organizar para dar cabida a las grandes multitudes que se reúnen en el Santuario a disfrutar de tan maravilloso paraje y a postrarse ante las imágenes de nuestra querida Virgen de la Esperanza.

En pueblos como Cehegín, Hellín, Petrel, Bullas, San Javier, etc.,es tanta la devoción a la Virgen de la Esperanza que en determinados días del año se reúnen en el Santuario para pasar una jornada de encuentro junto a Nuestra Señora Esperanza."

En lo fundamental, la romería no ha cambiado, se ha adaptado a los tiempos. Antes fueron la guitarra y las postizas, ahora la Fiesta de la Radio y los conciertos durante la mañana del día 8 de la Asociación Banda de Música de Calasparra. Antes se celebraba una sola romería, ahora se tienen que celebrar varias para satisfacer a los romeros que vienen de todas las regiones limítrofes.
Sólo en dos ocasiones a lo largo de la historia del Santuario se ha dejado de celebrar esta multitudinaria manifestación popular: durante la Guerra Civil, en que las imágenes estuvieron ocultas, utilizándose el Santuario como depósito de explosivos y gasolina, y en el año 1.989 debido a la caída de una gran tromba de agua que hizo imposible la realización de la misma.
Pero en el fondo, se venga a pie o en vehículo, se pase la noche en el Santuario o se vuelva a casa de madrugada, el espíritu de la mayoría de los visitantes es el mismo que ha animado a tantísimos romeros en el transcurso de los tiempos: la devoción y la fe en la Santísima Virgen de la Esperanza.

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