Santuario Virgen de la Esperanza

Jubilar

SANTUARIO DE NUESTRA SEÑORA DE LA ESPERANZA.

Calasparra (Murcia) 2008.

AÑO SANTO JUBILAR

P. Eduardo Sanz de Miguel, o.c.d.

1. INTRODUCCIÓN HISTÓRICA. Amigos Peregrinos que nos visitáis, ¡sed bienvenidos al Santuario de Nuestra Señora de la Esperanza! Como podéis comprobar, este templo tiene la originalidad de encontrarse situado en una cueva natural, rodeado por un paisaje de singular belleza. Las aguas del río Segura han modelado el terreno durante milenios, hasta formar este original cañón y la cueva-santuario que alberga la ermita. La devoción a Nuestra Señora de la Esperanza, la singularidad del enclave natural que rodea su santuario y los afamados arroces de la zona (con denominación de origen), han hecho de Calasparra una de las ciudades más visitadas del Noroeste murciano. El Año Santo Jubilar 2008 es una buena ocasión para descubrir su belleza y para encontrarse con la ternura maternal de la Virgen María.

 


Las cuevas naturales que podemos encontrar en esta zona han sido habitadas desde época prehistórica, como demuestran las pinturas rupestres que se conservan en el “abrigo del pozo”, popularmente conocido como la “cueva de los monigotes”, con más de 4000 años de antigüedad. Excavaciones arqueológicas han sacado a la luz también restos de armas y enterramientos. En el Cerro de la Virgen, Terratremo y Cabezo de las Juntas se conservan abundantes restos celtibéricos y cerámicas griegas. Romanos, visigodos y musulmanes han dejado también la huella de su paso por esta tierra. Con la reconquista del reino de Murcia, en 1266, Calasparra volvió a ser territorio cristiano.

Cuenta la tradición que la imagen pequeña de Nuestra Señora de la Esperanza fue encontrada por entonces en una concavidad de la cueva. Un pastor que cuidaba del rebaño tiró una piedra adonde estaba una oveja, que se había alejado del rebaño, para hacerla regresar con las demás. La piedra se introdujo por una oquedad y golpeó en algún objeto. Al pastor le llamó la atención el sonido y se encaramó para ver qué había escondido en el agujero. Allí encontró la imagen de la Virgen cubierta por una tela. El pastor comunicó su hallazgo en el pueblo y los calasparreños decidieron llevar la imagen a la iglesia parroquial. Sorprendentemente, cada vez que intentaban moverla, la imagen se hacía tan pesada que era imposible su transporte, por lo que se decidieron a venerarla en el interior de la cueva donde había sido hallada.

Nuestros antepasados creían que la imagen fue escondida por los cristianos durante la invasión musulmana, para evitar que fuera profanada. Al encontrarla varios siglos después, se sentían en comunión con los creyentes que vivieron pacíficamente su fe en estas tierras hasta la llegada de los moros y entroncaban directamente con las comunidades cristianas fundadas en tiempos apostólicos en nuestro país. En muchos lugares de España se tienen tradiciones similares. Nos pueden servir de ejemplo la Virgen de la Almudena (patrona de Madrid), la Virgen del Puig (patrona del Reino de Valencia), la Virgen de Guadalupe (patrona de Extremadura), la Virgen de Montserrat (patrona de Cataluña), etc. Todas fueron escondidas durante la invasión islámica y fueron reencontradas durante la reconquista. En todos los casos se construyeron ermitas en los lugares donde se encontraron y sus santuarios llegaron a ser el signo de identidad de los cristianos de su entorno.

Desde que el pastor encontró la sagrada imagen, la cueva empezó a llamarse “cueva de la Virgen” o “cueva de la Fuensanta” (de la Fuente Santa), por el pequeño manantial de agua que brota ininterrumpidamente de la roca, en el interior de la ermita. La imagen de la Virgen era llamada “Nuestra Señora de la Fuensanta”, a causa de dicha fuente; aunque también se la denominaba “Nuestra Señora de la Esperanza”, porque tiene los brazos abiertos en actitud de oración y el manto sujetado por un lazo sobre la cintura, que se abulta ligeramente, indicando que está embarazada.

Durante siglos, la imagen de la Virgen fue venerada en el interior de la cueva, a la que acudían los vecinos a rezar, especialmente los pastores, que también la utilizaban para proteger sus rebaños de las inclemencias del tiempo. No sabemos cuándo se adapta la gruta como lugar de culto, con muros de protección y altar para la celebración eucarística. La primera referencia escrita a la existencia de una ermita en este lugar es de 1609, y corresponde al informe de una visita canónica por parte de los caballeros de la Orden de San Juan: «Y en dicho día (21 de abril de 1609) visitaron y vieron por sus ojos la ermita de Nuestra Señora de la Fuensanta, la cual fundó e hizo por devoción el licenciado Benítez de Munera, prior y vicario de esta villa (de Calasparra), la cual está con mucha decencia y devoción y está bien reparada». Posiblemente, dicha construcción fue una ampliación y embellecimiento de otra anterior. En informes posteriores se da cuenta de la situación de la ermita y de su ajuar en cada momento. Así vemos que se alternaron momentos gloriosos y otros de expolio y semi-ruina.

En 1617, Dª Juana Sánchez dejó en herencia a la ermita la imagen de vestir, que se conserva hasta hoy, con sus trajes y joyas. Al principio, las dos imágenes de la Virgen se veneraron por separado. La pequeña permaneció en la oquedad donde fue encontrada, mientras que la grande fue situada sobre el altar; pero pronto se colocaron juntas, tal como hoy podemos contemplarlas, dando lugar a una composición iconográfica absolutamente original. Sin que sea exactamente igual, lo más parecido sería la Virgen de Lidón. La patrona de Castellón es una imagen de vestir con una oquedad en el pecho, donde se guarda la imagen primitiva, de pequeño tamaño.

La devoción a Nuestra Señora de la Esperanza se extendió rápidamente por todos los pueblos de la comarca, debido a las gracias espirituales y milagros que el Señor realizó por su intercesión en este lugar santo. Los numerosos exvotos que los peregrinos depositan junto al camarín testimonian el agradecimiento por los favores recibidos. Confiando en el poderoso auxilio de la Virgen de la Esperanza, el pueblo de Calasparra la nombró su patrona en 1840. Fue coronada canónicamente en 1996. Durante todo el año 2008 celebraremos un Año Santo Jubilar en su honor.


2. LA ADVOCACIÓN DE NUESTRA SEÑORA DE LA ESPERANZA.

Las imágenes y cofradías en honor de la Virgen de la Esperanza hacen referencia a dos acontecimientos en la vida de Nuestra Señora. A su embarazo, en los meses previos al parto (a este grupo corresponde nuestro santuario) y a la esperanza en la resurrección del Señor, después de su sepultura (a este grupo corresponden la Esperanza de Triana y la Esperanza Macarena de Sevilla).

La fiesta litúrgica en honor de la Virgen de la Esperanza se celebra en España desde tiempos muy antiguos el 18 de diciembre, como preparación a la Navidad. En el décimo Concilio de Toledo (656) se estableció que se llamara “fiesta de la Expectación del Parto de Nuestra Señora”. En el decreto conciliar se dice: «Se establece por especial decreto que el día octavo antes de la Natividad del Señor se tenga como celebérrimo y preclaro en honor de su santísima Madre». En esta celebración se hace memoria de la Encarnación del Señor en el vientre de María y de la plena colaboración de María con los planes de Dios. María es la mujer orante, que escucha la Palabra de Dios, y es el modelo de la Iglesia, que pone en práctica la Palabra de Dios. A lo largo de los siglos, los justos de Israel habían esperado en el cumplimiento de las promesas de redención hechas por Dios por medio de sus profetas. En la plenitud de los tiempos, la esperanza de Israel y de la humanidad entera se concentra en María, la humilde sierva del Señor, que cree y espera con confianza que Dios cumplirá lo que anuncia.

Nuestra Señora “de la Expectación” o “de la Esperanza” es también llamada Nuestra Señora “de la Dulce Espera” y Virgen “de la O”. Este último nombre proviene de las antífonas del magníficat, que se rezan cada tarde en vísperas los días previos a la Navidad y que todos los días comienzan con la exclamación “Oh”: «Oh Sabiduría que brotaste de los labios del Altísimo… Oh llave de David… Oh Estrella de la Mañana…»; por lo que Virgen de la “O” es sinónimo de Virgen de la Esperanza.

En Oriente, los iconos con la Virgen María en actitud de oración, con los brazos abiertos, y el niño Jesús colocado en un círculo sobre su vientre, son muy comunes. Suelen estar colocados en la parte superior del presbiterio, a veces ocupándolo por completo. Es llamada “Panaghía” (“Toda Santa”) y también “Virgen del Signo” (en referencia a una profecía de Isaías que dice: «Os voy a dar un signo, la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán por nombre Enmanuel, que significa Dios con nosotros»). A partir de la Edad Media, las pinturas y esculturas de la Virgen María embarazada también se generalizaron en Occidente. Muchas veces se representa a María embarazada junto a su prima Isabel, también en estado. Otras veces se representa a María embarazada y cerca al arcángel Gabriel. Otras se la representa sola. Casi siempre tiene los brazos abiertos, en actitud de orar y de abrazar. Muchas veces, sobre el vientre abultado se coloca un círculo, un sol, o una pequeña representación del Niño Jesús.

María es modelo de esperanza en las promesas de Dios, que se cumplen siempre y es también fuente de nuestra esperanza, tal como rezamos en la Salve: «Vida, dulzura y esperanza nuestra, a ti clamamos». En ella pone su confianza el pueblo cristiano, sabiendo que nunca abandona a sus hijos.


3. LAS IMÁGENES DE NUESTRA SEÑORA DE LA ESPERANZA.

La Santísima Virgen María es la Madre de Jesús y nuestra Madre. Así como nos gusta tener en casa fotografías de nuestros seres queridos en distintos momentos de su vida (en el Bautismo, en la Primera Comunión, en un fiesta de cumpleaños, en un viaje, etc.), los católicos gozamos contemplando a María en distintos momentos de su vida (Inmaculada, Virgen de la Esperanza, de la Natividad, de la Presentación o Candelaria, Dolorosa, Asunción, etc.) o con distintas advocaciones relacionadas con los santuarios donde se veneran sus imágenes (Virgen del Monte Carmelo, del Pilar, de Lourdes, de Fátima, etc.). Por eso no debe parecernos extraño que en Calasparra veneremos dos imágenes juntas que representan a la misma y única Virgen María.

Las dos imágenes de la Virgen, que se veneran juntas en este santuario, representan a Nuestra Señora de la Esperanza. Ambas están con los brazos abiertos, en actitud de oración a Dios, para acoger el don de su gracia, en recuerdo del momento de la Anunciación. Los brazos abiertos también recuerdan el abrazo de María a su prima Isabel en la Visitación y el canto gozoso y agradecido del Magníficat. Más de 2000 años después, María sigue extendiendo sus brazos para orar e interceder por nosotros ante su Divino Hijo y para abrazar a cada peregrino que se acerca a ella.

Como ya hemos dicho, la imagen pequeña es la más antigua. Según, la tradición, un pastor la encontró en una oquedad de la roca, dentro de la cueva, y allí ha recibido culto desde tiempo inmemorial. La figura es un busto de medio cuerpo, con un bellísimo rostro sonriente y coloretes muy marcados en las mejillas. Lleva el pelo recogido y un pequeño velo blanco sobre él, a modo de tocado. Tiene los brazos extendidos y las manos abiertas. Sobre la túnica lleva un manto azul, anudado sobre el vientre con un lazo rojo. El vientre abultado y el manto abierto para subrayarlo, nos indican que está embarazada. La amable expresión del rostro, delicadamente realzado por los coloretes y por una sonrisa apenas esbozada, la armonía de las formas y de los colores y los delicados pliegues del manto, consiguen transmitirnos un mensaje de serenidad y de ternura, de paz interior.

También hemos señalado ya que la imagen grande es anterior a 1617; año en que fue donada a la ermita por haberlo dispuesto así su dueña en su testamento, en el que dice que era venerada hasta entonces en su propia casa. Es una típica imagen de vestir del periodo barroco español. Tiene numerosos vestidos y mantos, donados a lo largo de los siglos por sus devotos, y que sus camareras se encargan de ponerle en las distintas fiestas litúrgicas del año. Algunos de los mantos bordados de la Virgen son verdaderas obras de arte, confeccionados con una paciencia casi infinita a base de terciopelos, brocados, hilos de seda, oro y pedrería.

Recordando el 285 aniversario del primer traslado de las Sagradas Imágenes al pueblo de Calasparra y el cuarto centenario de la primera referencia escrita a la ermita, desde el 16 de diciembre de 2007 al 21 de diciembre de 2008, el señor Obispo de la diócesis, D. Juan Antonio Reig Pla, ha decretado un Año Santo Jubilar en el santuario de Nuestra Señora de la Esperanza. Una oportunidad irrepetible para hacer experiencia de la ternura maternal de María, que acompaña nuestro caminar por la tierra, sembrando la esperanza en nuestros corazones.


4. EL JUBILEO EN LA BIBLIA

El Jubileo o Año Santo es una celebración gozosa y festiva para conmemorar un acontecimiento importante. La palabra “jubileo” viene del hebreo “jobel”, que es el cuerno de macho cabrío que se toca para llamar al culto en la sinagoga y que se tocaba de una manera insistente para convocar el año jubilar. El pueblo de Israel celebraba un pequeño “jubileo” cada siete años y un gran “jubileo” cada cincuenta años. Durante el pequeño jubileo no se plantaban las tierras, se dejaban en “barbecho”, para no sobreexplotarlas y que pudieran dar más frutos los otros años. No olvidemos que no tenían abonos o fertilizantes (aparte de los naturales). Como ese año no se cultivaba, había que compartir con los que no tenían nada (especialmente con los huérfanos, las viudas y los emigrantes) lo que cada uno pudiera haber almacenado en los años anteriores (Ex 23,10-11; Lv 25, 1-7; Dt 15, 1-6).

El gran jubileo era una institución mucho más seria. Aparte de no plantar las tierras, para dejarlas en “barbecho”, ese año se perdonaban las deudas, se liberaban a los esclavos israelitas, se devolvían las tierras y posesiones que los judíos habían tenido que vender a sus vecinos por necesidades económicas… De hecho, cuando se compraba o vendía una tierra o una casa, no se hacía para toda la vida, sino hasta la celebración del siguiente jubileo. En aquella sociedad, si uno era pobre vendía sus bienes, si seguía endeudado vendía a los propios hijos como esclavos y, finalmente, se vendía él mismo. El año del jubileo, todos recobraban la libertad y los bienes. Era una manera de redistribuir la riqueza, de impedir que algunas familias poderosas se fueran quedando con todo y que los más débiles terminaran por no tener nada.

«Habló Yahvé a Moisés en el monte Sinaí diciendo: Habla a los israelitas y diles: Cuando hayáis entrado en la tierra que yo voy a daros, la tierra tendrá también su descanso en honor de Yahvé. Seis años sembrarás tu campo, seis años podarás tu viña y cosecharás sus productos; pero el séptimo año será de completo descanso para la tierra, un sábado en honor de Yahvé: no sembrarás tu campo, ni podarás tu viña. No segarás los rebrotes de la última siega, ni vendimiarás los racimos de tu viña sin podar. Será año de descanso completo para la tierra. Aun en descanso, la tierra os alimentará a ti, a tu siervo, a tu sierva, a tu jornalero, a tu huésped, que residen junto a ti. También a tus ganados y a los animales de tu tierra servirán de alimento todos sus productos.

Contarás siete semanas de años, siete veces siete años; de modo que el tiempo de las siete semanas de años vendrá a sumar cuarenta y nueve años. Entonces en el mes séptimo, el diez del mes, harás resonar clamor de trompetas; en el día de la Expiación haréis resonar el cuerno por toda vuestra tierra. Declararéis santo el año cincuenta, y proclamaréis en la tierra liberación para todos sus habitantes. Será para vosotros un jubileo; cada uno recobrará su propiedad, y cada cual regresará a su familia. Este año cincuenta será para vosotros un jubileo: no sembraréis, ni segaréis los rebrotes, ni vendimiaréis la viña que ha quedado sin podar, porque es el jubileo, que será sagrado para vosotros. Comeréis lo que el campo dé de sí. En este año jubilar recobraréis cada uno vuestra propiedad. Si vendéis algo a vuestro prójimo o le compráis algo, ved que nadie dañe a su hermano. Comprarás a tu prójimo atendiendo el número de años que siguen al jubileo; o según el número de los años de cosecha, él te fijará el precio de venta: a mayor número de años, mayor precio cobrarás; cuantos menos años queden, tanto menor será su precio, porque lo que él te vende es el número de cosechas.

La tierra no puede venderse para siempre, porque la tierra es mía, ya que vosotros sois para mí como forasteros y huéspedes. En todo terreno de vuestra propiedad concederéis derecho a rescatar la tierra. Si se empobrece tu hermano y vende algo de su propiedad, su goel (familiar defensor) más cercano vendrá y rescatará lo vendido por su hermano. Si alguno no tiene goel, adquiera por sí mismo recursos suficientes para su rescate; calcule los años pasados desde la venta y devuelva al comprador la cantidad del tiempo que falta; así volverá a su propiedad. Pero si no halla lo suficiente para recuperarla, lo vendido quedará en poder del comprador hasta el año jubilar, y en el jubileo quedará libre; y el vendedor volverá a su posesión.

Si uno vendiere una vivienda en ciudad amurallada, su derecho a rescatarla durará hasta que se cumpla el año de su venta; un año entero durará su derecho de rescate. En caso de no ser rescatada para él dentro de un año entero, la casa situada en ciudad amurallada quedará a perpetuidad para el comprador y sus descendientes y no quedará libre en el jubileo. Mas las casas de las aldeas sin murallas que las rodeen serán tratadas como los campos del país: hay derecho de rescate y en el año jubilar quedan libres. En cuanto a las ciudades de los levitas, los levitas tendrán siempre derecho de rescate sobre las casas de las ciudades de su propiedad. En el caso de que se haya de rescatar de mano de un levita, lo vendido -una casa que es propiedad suya en la ciudad- quedará libre en el jubileo; porque las casas de las ciudades de los levitas son su propiedad en medio de los israelitas. Yo soy Yahvé, vuestro Dios, que os saqué de la tierra de Egipto, para daros la tierra de Canaán y ser vuestro Dios.

Si se empobrece tu hermano en asuntos contigo y tú lo compras, no le impondrás trabajos de esclavo; estará contigo como jornalero o como huésped, y trabajará junto a ti hasta el año del jubileo. Entonces saldrá de tu casa, él y sus hijos con él, volverá a su familia y a la propiedad de sus padres. Porque ellos son siervos míos, a quienes yo saqué de la tierra de Egipto; no han de ser vendidos como se vende un esclavo. No serás tirano con él, sino que temerás a tu Dios.

Si el forastero o huésped que mora contigo adquiere bienes, y, en cambio, tu hermano se empobrece en asuntos con él y se vende al forastero, al que mora contigo, o a algún descendiente de familia de forastero, después de haberse vendido le quedará el derecho al rescate: uno de sus hermanos podrá rescatarlo. Lo rescatará su tío paterno, o el hijo de su tío, o algún otro pariente cercano suyo dentro de su familia, o, si alcanzan sus recursos, él mismo podrá rescatarse. Contará con su comprador los años desde el de la venta hasta el año jubilar; y el precio se calculará en proporción de los años, valorando sus días de trabajo como los de un jornalero. Si faltan todavía muchos años, en proporción a ellos devolverá, como precio de su rescate, una parte del precio de venta. Si faltan pocos años hasta el jubileo, se le calculará en proporción a ellos, y lo pagará como rescate, como quien trabaja a jornal año por año. No permitas que se le trate con tiranía ante tus ojos. Si nos es rescatado por otros, quedará libre el año del jubileo, él y sus hijos con él. Porque a mí es a quien sirven los israelitas; siervos míos son, a quienes yo he sacado del país de Egipto. Yo, Yahvé, vuestro Dios». (Libro del Levítico 25).

Esta institución jubilar nunca se realizó totalmente, hasta las últimas consecuencias. Era más un deseo que una realidad. Por eso los profetas anunciaban la llegada del Mesías, que establecería el verdadero año jubilar, año de gracia y de perdón. Jesús habla de esto al empezar el evangelio: «Vino a Nazaret, donde se había criado y, según su costumbre, entró en la sinagoga el día de sábado, y se levantó para hacer la lectura. Le entregaron el volumen del profeta Isaías y desenrollando el volumen, halló el pasaje donde estaba escrito: “El Espíritu del Señor sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor”. Enrollando el volumen lo devolvió al ministro, y les dijo: “Esta Escritura, que acabáis de oír, se ha cumplido hoy”». (Lc 4,14ss). Con Cristo se establece definitivamente el tiempo de la gracia y de la salvación. Con su Encarnación, Muerte y Resurrección han comenzado ya los tiempos definitivos. Todos los días y todos los lugares son buenos para encontrarnos con la misericordia de Dios. Si la Iglesia celebra jubileos especiales en fechas y lugares especiales es para repartir de una manera abundante entre sus hijos las gracias que nos ha merecido Cristo y para concienciar a los fieles de la gran necesidad que tenemos de la misericordia de Dios. Al mismo tiempo, el jubileo nos invita a ser misericordiosos con los demás, como Dios lo es con nosotros. Al mismo tiempo que recibimos el perdón de Dios, hemos de estar dispuestos a ofrecer nuestro perdón a los hermanos.


5. EL JUBILEO EN LA TRADICIÓN DE LA IGLESIA

Siguiendo la tradición bíblica, cada vez que la Santa Iglesia convoca un Año Santo o Jubilar, ofrece a los fieles un tiempo especial de gracia y de conversión. Especialmente, invita a los tibios en la fe o a los alejados a recuperar una relación de amistad con Cristo y con su Madre. Si se dice “Año Santo” es porque está llamado a promover la santidad de vida de los cristianos, consolidando la fe y la esperanza y favoreciendo la práctica de la caridad. Los jubileos pueden ser “ordinarios” y “extraordinarios”.

Los jubileos “ordinarios” se celebran cada 25 años para toda la Iglesia universal, especialmente en Roma, en los Santos lugares y en aquellos santuarios que el Obispo determine para su diócesis. El primero se celebró en 1300. El éxito fue tan grande que se estableció celebrar uno cada 100 años.

En 1350 llegaron tantas peticiones a Roma, que se estableció una periodicidad de 50 años. Posteriormente hubo otros cambios en las convocatorias. Esta es la lista de Jubileos ordinarios:

1. 1300 . El Papa Bonifacio VIII convoca el primer Año Santo de la historia de la Iglesia mediante la publicación, el 22 de febrero, de la bula Antiquorum habet fida relatio, en las que se precisan como condiciones para la obtención de la indulgencia que el peregrino se encuentre en estado de penitencia tras la confesión y la absolución; y que se visiten las basílicas de San Pedro y San Pablo Extramuros durante treinta días (quince días si no habita en Roma). Se establece asimismo que los jubileos se celebrarán cada 100 años.

2. 1350 . El Papa Clemente VI convoca el segundo Año Santo de la Iglesia Católica mediante la publicación, el 27 de enero de 1347, de la bula Unigénitus. La anticipación en el plazo establecido en su día por Bonifacio VIII se debió a la petición del pueblo romano, asolado por la Peste Negra y devastado por un terremoto. Este Año Santo se celebró con la ausencia tanto del Papa como de la Curia pontificia, que tenía su sede en la ciudad francesa de Aviñón. Se estableció que un intervalo de 50 años entre jubileos era más adecuado para hacer posible que, teniendo en cuenta la esperanza de vida de la época, cada generación pudiera celebrar un Año Santo. En la lista de basílicas a visitar se agrega la de San Juan de Letrán.

3. 1390 . El Papa Urbano VI convoca, con diez años de antelación a la fecha prevista, el tercer Año Santo mediante la publicación, el 8 de abril de 1389 de la bula Salvador noster, en la que establecía que el intervalo en años jubilares debía reducirse a 33 años en recuerdo y homenaje a la edad de Jesucristo al morir en la cruz. Se añadió Santa María la Mayor a la relación de basílicas a visitar. El cambio de los plazos entre Años Santos provocó que en el año 1400 confluyera en Roma un gran número de peregrinos creyendo que se había convocado el correspondiente año jubilar tras el de 1350. Ello obligó al papa Bonifacio IX a conceder una indulgencia plenaria de modo extraordinario.

4. 1423 . Convocado por Martín V cumpliendo el nuevo plazo de 33 años establecido en 1390.

5. 1450 . Nicolás V vuelve a cambiar la periodicidad entre Años Santos, retornando al intervalo de 50 años, y convoca el nuevo año jubilar para 1450. Este jubileo es recordado por la epidemia de peste que propagaron los numerosos peregrinos que llegaron a Roma y por el grave accidente ocurrido, el 24 de diciembre, en el puente del Santo Ángel y que provocó la muerte de casi 200 personas.

6. 1475 . El plazo de 50 años, reestablecido el anterior Año Jubilar, es nuevamente cambiado por el Pablo II que mediante la publicación, el 19 de abril de 1470, de la bula Inefabilis providentia fijó el nuevo, y hasta ahora definitivo, plazo en 25 años, convocando el nuevo Año Santo para el año 1475. El desbordamiento del río Tíber, que obligó a Sixto IV a abandonar Roma, provocó que el jubileo se retrasara hasta el año 1476 con una escasa afluencia de peregrinos.

7. 1500 . Decretado y celebrado bajo el papado de Alejandro VI

8. 1525 . Decretado y celebrado bajo el papado de Clemente VII.

9. 1550 . Decretado por Pablo III se celebró bajo el pontificado de Julio III.

10. 1575 . Decretado y celebrado bajo el papado de Gregorio XIII.

11. 1600 . Decretado y celebrado bajo el papado de Clemente VIII.

12. 1625 . Decretado y celebrado bajo el papado de Urbano VIII.

13. 1650 . Decretado y celebrado bajo el papado de Inocencio X.

14. 1675 . Decretado y celebrado bajo el papado de Clemente X.

15. 1700 . Decretado por Inocencio XII y celebrado por Clemente XI.

16. 1725 . Decretado y celebrado bajo el papado de Benedicto XIII.

17. 1750 . Decretado y celebrado bajo el papado de Benedicto XIV.

18. 1775 . Decretado por Clemente XIV y celebrado por Pío VI.

19. 1825 . El Año Santo de 1800 no pudo celebrarse por la agitación política en Europa, consecuencia de la revolución francesa. León XIII decretó y celebró el correspondiente a 1825.

20. 1875 . El jubileo de 1850 no se celebró debido a la inestabilidad política en Europa, derivada de las revoluciones sufridas en el año 1848. El de 1875, convocado y celebrado por Pío IX, no tuvo gran solemnidad debido a que el papa se encontraba retenido en el Vaticano por los revolucionarios italianos.

21. 1900 . Decretado y celebrado bajo el papado de León XIII.

22. 1925 . Decretado y celebrado bajo el papado de Pío XI.

23. 1950 . Decretado y celebrado bajo el papado de Pío XII.

24. 1975 . Decretado y celebrado bajo el papado de Pablo VI.

25. 2000 . Decretado y celebrado bajo el papado de Juan Pablo II. En algunos lugares particulares, como en Santiago de Compostela, Santo Toribio de Liébana y Caravaca de la Cruz, también se celebran jubileos ordinarios cada 7 años. Los jubileos extraordinarios pueden ser convocados por el Papa para toda la Iglesia universal (Año Santo de la Redención de 1983, Año Santo Mariano de 1988, Año Santo del Rosario de 2003) o pueden ser convocados por el Papa o por el Obispo de una diócesis para una familia religiosa o una ciudad o un santuario, con motivo de la celebración de un aniversario importante. Éste es el caso del Año Santo Jubilar en honor de Nuestra Señora de la Esperanza, con motivo del 285 aniversario de la primera llevada de las Sagradas imágenes al pueblo de Calasparra (abril de 1722) y como preparación al cuarto centenario de la primera referencia escrita a su ermita (21 de abril de 1609).

¿Qué nos ofrece este jubileo? En primer lugar, la oportunidad de profundizar en nuestra propia identidad, en nuestra historia, en la herencia de fe y devoción que nos dejaron nuestros mayores. Este año servirá para que se realicen publicaciones de estudios y de fotografías antiguas sobre las Sagradas Imágenes de Nuestra Señora de la Esperanza y su santuario. También hay programadas obras de mejora en el entorno del santuario, la creación de un museo, exposiciones de arte y conferencias. Pero hay algo mucho más importante, que es la oportunidad de ganar la indulgencia plenaria, que es el gran regalo de Dios y de la Iglesia.

¿Qué es la indulgencia? El regalo de la gracia de Dios, que se nos ofrece de manera abundante para sanar las heridas espirituales que en nosotros dejan los pecados y para darnos fortaleza en nuestro camino de la vida. Igual que las heridas del cuerpo dejan cicatrices, aunque estén curadas, los pecados dejan “cicatrices” en el alma, aunque estén perdonados (nos acostumbramos a pecar y nos cuesta ser mejores, tendemos a repetir los mismos pecados, se enfría el fervor, etc.). La indulgencia sana esas heridas espirituales que nos hemos causado a nosotros mismos con el pecado y nos da la gracia necesaria para ser mejores. «La indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados en cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones, consigue por mediación de la Iglesia, la cual, como administradora de la redención, distribuye y aplica con autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los Santos» (Código de Derecho Canónico, 992).

¿Cómo se gana la Indulgencia Plenaria? Todo fiel cristiano puede ganar la indulgencia plenaria durante el año jubilar una vez cada día, al visitar el santuario de Nuestra Señora de la Esperanza y la puede aplicar a sí mismo, a los vivos y a los difuntos. Para ello debe, además: 1. Estar arrepentido de sus pecados. 2. Pedir perdón a Dios y a la Iglesia mediante la Confesión sacramental. 3. Recibir el Cuerpo de Cristo en la Santa Comunión. 4. Orar por las intenciones del Papa y 5. Realizar algún gesto de conversión (una oración a la Virgen, una limosna, visitar a un enfermo, perdonar al que nos ha agraviado, etc.). La confesión y la comunión no tienen por qué realizarse necesariamente el mismo día que se visita el santuario y se ora por las intenciones del Papa. Se pueden realizar en el plazo de los 15 días anteriores o posteriores a la visita. Los enfermos pueden ganar la indulgencia desde su casa, aunque no puedan ir al templo, siempre que cumplan con las otras condiciones.


6. EL JUBILEO EN EL CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA.

El Catecismo de la Iglesia Católica recoge las normas del Derecho Canónico y los principales contenidos de la fe de la Iglesia sobre el jubileo y las indulgencias, presentándolos de una manera sintética. «La Indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados, en cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones consigue por mediación de la Iglesia, la cual, como administradora de la redención, distribuye y aplica con autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los Santos. La Indulgencia es parcial o plenaria según libere de la pena temporal debida por los pecados en parte o totalmente. Todo fiel puede ganar para sí mismo o aplicar por los difuntos, a manera de sufragio, las Indulgencias tanto parciales como plenarias» (CIC, n. 1471).

«El pecado grave nos priva de la comunión con Dios y por ello nos hace incapaces de la vida eterna, cuya privación se llama la "pena eterna" del pecado. Por otra parte, todo pecado, incluso venial, entraña apego desordenado a las criaturas que tienen necesidad de purificación, sea aquí abajo, sea después de la muerte, en el estado que se llama Purgatorio. Esta purificación libera de lo que se llama "pena temporal" del pecado... El perdón del pecado y la restauración de la comunión con Dios entrañan la remisión de las penas eternas del pecado. Pero las penas temporales del pecado permanecen. El cristiano debe esforzarse, soportando pacientemente los sufrimientos y las pruebas de toda clase y, llegado el día, enfrentándose serenamente con la muerte, por aceptar como una gracia estas penas temporales del pecado; debe aplicarse, tanto mediante las obras de misericordia y de caridad, como mediante la oración y las distintas prácticas de penitencia, a despojarse completamente del "hombre viejo" y a revestirse del "hombre nuevo" (ver Ef 4,24)». (CIC, nn. 1472-1473).

Juan Pablo II, en la Bula de Convocación del Gran Jubileo del año 2000 (n. 10), nos ofrece una apretada explicación de la gracia que recibimos en los jubileos: «La Revelación enseña que el cristiano no está solo en su camino de conversión. En Cristo y por medio de Cristo la vida del cristiano está unida con un vínculo misterioso a la vida de todos los demás cristianos en la unidad sobrenatural del Cuerpo místico. De este modo se establece entre los fieles un maravilloso intercambio de bienes espirituales, por el cual la santidad de uno beneficia a los otros mucho más que el daño de su pecado les haya podido causar. Hay personas que dejan tras de sí como una carga de amor, de sufrimiento aceptado, de pureza y verdad, que llega y sostiene a los demás. Es la realidad de la "vicariedad", sobre la cual se fundamenta todo el misterio de Cristo. Su amor sobreabundante nos salva a todos. Sin embargo, forma parte de la grandeza del amor de Cristo no dejarnos en la condición de destinatarios pasivos, sino incluirnos en su acción salvífica y, en particular, en su pasión. Lo dice el conocido texto de la carta a los Colosenses: "Completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo, a favor de su Cuerpo, que es la Iglesia" (Col 1,24)... Esto es lo que se quiere decir cuando se habla del "tesoro de la Iglesia" que son las obras buenas de los santos. Rezar para obtener la Indulgencia significa entrar en esta comunión espiritual, y por lo tanto abrirse a los demás».


7. ORACIONES A NUESTRA SEÑORA DE LA ESPERANZA.

1. Oración jubilar. María, tú eres la Madre de la Esperanza. Creíste que la palabra de Dios se cumpliría en ti y en todas las criaturas. Esperaste la realización de las promesas. Amaste a Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu ser. Te dejaste modelar por Él. Desde tu Asunción a los cielos eres fuente de esperanza para la Iglesia, que contempla realizado en ti lo que un día espera alcanzar para todos sus hijos. Escucha hoy nuestras súplicas por el Santo Padre Benedicto XVI y por toda la Iglesia, ampáranos bajo tu manto y ayúdanos a crecer en la esperanza. Que tu protección maternal se extienda a todas las mujeres embarazadas, a los niños, a los más débiles, a los enfermos, a los que sufren. Amén.

2. Poesía de Dante Alighieri.

Virgen Madre, hija de tu Hijo,

la más humilde y alta de las criaturas,

término fijo del eterno consejo,

Tú ennobleciste la naturaleza humana hasta tal punto

que su hacedor no desdeñó hacerse su hechura.

En tu vientre prendió el amor,

por cuyo calor, en la eterna paz

germinó esta flor.

En el cielo eres faz meridiana de caridad

y abajo, entre los mortales,

fuente viva de esperanza.

3. Oración por los padres. Bendita seas María, Virgen y Madre, el Señor te llenó de gracia y alegría en la dulce espera de Jesús. Te rogamos por los esposos que desean el don de un hijo, ayúdalos en esta esperanza y a apoyarse en el camino de la vida. Da paciencia y generosidad a los padres en el cuidado de sus hijos. Acuérdate de los que han abierto su corazón a la adopción, mantenlos en la alegría de su generosidad. Manifiesta tu ternura maternal especialmente a los que se sienten solos y tristes. Haz nacer en sus corazones la esperanza. Amén.

4. Oración de las mujeres embarazadas. María, Madre del amor hermoso y de la esperanza, tú que llevaste durante nueve meses en tu vientre al Hijo de Dios, atiende hoy las súplicas que te hago. En mi interior una nueva vida está creciendo: un pequeño que traerá alegría y gozo, inquietudes y temores, esperanzas y felicidad a mi hogar. Cuídalo y protégelo mientras yo lo llevo en mi seno. Y que, en el feliz momento del nacimiento, cuando escuche sus primeros sonidos y vea sus manos chiquitas, pueda dar gracias al Creador por la maravilla de este don que Él me regala. Que, siguiendo tu ejemplo, pueda acompañar y ver crecer a mi hijo. Ayúdame e inspírame para que él encuentre en mí un refugio donde cobijarse y un modelo de vida cristiana.

Además, dulce Madre mía, fíjate especialmente en aquellas mujeres que enfrentan este momento solas, sin apoyo o sin cariño. Que puedan sentir tu cercanía y que descubran que cada niño que viene al mundo es una bendición. Nuestra Señora de la Dulce Espera, dales tu consuelo y valor. Amén.


8. CALENDARIO DE ACTOS.

Aunque se publicará un calendario más detallado, concretando las distintas peregrinaciones y encuentros, ponemos aquí las principales fiestas marianas de este año jubilar.

6 de diciembre de 2007. Traída extraordinaria de las Sagradas Imágenes de Nuestra Señora de la Esperanza a Calasparra. Del 6 al 15 de diciembre. Misiones Populares. 15 de diciembre. Llevada de las Sagradas imágenes a su Santuario. Domingo 16 de diciembre. Apertura del Año Santo Jubilar. 18 de diciembre. Fiesta de Santa María de la Esperanza, Virgen de la “O”.

Desde el lunes 17 de diciembre, todos los días del Año Santo Jubilar, se tendrán los siguientes actos:

11,00 Exposición del Santísimo Sacramento y Confesiones.

11,30 Rezo del Rosario.

11,50 Ángelus, Bendición y Reserva del Santísimo.

12,00 Santa Misa del peregrino y canto de la Salve. Al finalizar la Misa, bendición de las mujeres embarazadas y de los niños, apertura del camarín para la veneración de las Sagradas Imágenes y proyección del video jubilar.

1 de enero de 2008. Solemnidad de Santa María, Madre de Dios y Jornada Mundial por la Paz. 20 de enero. Jornada mundial de las migraciones. Jubileo de los emigrantes. 24 de enero. Nuestra Señora de la Paz.

Sábado 2 de febrero. Fiesta de la Presentación del Señor en el Templo. Jubileo de la Vida Consagrada. Domingo 3 de febrero. Bendición de las madres y Consagración de los niños a la Virgen de la Esperanza. Domingo 10 (primer domingo de cuaresma) y lunes 11 de febrero. Nuestra Señora de Lourdes. Jubileo de los enfermos.

14 de marzo. Nuestra Señora de los Dolores. 22 de marzo. Sábado Santo. Memoria de la Virgen de la Soledad y de la Esperanza. Celebraciones marianas durante todo el día. Domingo 30 de marzo. Domingo de la Divina Misericordia. Lunes 31 de marzo. San José, esposo de la Virgen (trasladada).

Martes 1 de abril. La Anunciación del Señor (trasladada).

Jueves 1 de mayo. Traída de las Sagradas Imágenes de Nuestra Señora de la Esperanza a Calasparra. Viernes 2 de mayo. Celebraciones con los enfermos, niños y jóvenes. Ofrenda de flores a la Virgen y canto de los “mayos”. Sábado 3 de mayo. Procesión por las calles de la ciudad y Santa Misa en el barrio de San Pedro. Domingo 4 de mayo. Llevada de las Sagradas Imágenes a su santuario, deteniéndose en el mirador de Las Lomas para la bendición de los campos. 13 de mayo. Nuestra Señora de Fátima. 24 de mayo. María Auxiliadora. 31 de mayo. La Visitación de María a Santa Isabel y el Inmaculado Corazón de María.

27 de junio. Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. Jubileo de los Médicos y de los Profesionales de la Salud.

16 de julio. Nuestra Señora del Carmen.

2 de agosto. Nuestra Señora de los Ángeles. 5 de agosto. Santa María de las Nieves (dedicación de la basílica de Santa María, la Mayor, en Roma). 9 de agosto. Fiesta de Santa Edith Stein, co-patrona de Europa. Jornada de Oración por la Unidad de los Cristianos en Europa y de conmemoración de las Raíces Cristianas de Europa. Jubileo de los Políticos. 15 de agosto. La Asunción de María al Cielo. Jubileo de los hijos de Calasparra ausentes del pueblo. Se organizarán actos especiales los días 15, 16 y 17. 22 de agosto. María, Reina. Domingo 31 de agosto. 12,00 Pregón de la Romería y fiestas de la Virgen.

4-6 de septiembre. Triduo de preparación a la Fiesta Mayor de la Virgen de la Esperanza. 7 de septiembre. Tradicional romería en el Santuario. 8 de septiembre. La Natividad de María. Fiesta Mayor de Nuestra Señora de la Esperanza. 12 de septiembre. El Dulce Nombre de María. 15 de septiembre. Los Dolores de la Virgen. 24 de septiembre. Nuestra Señora de la Merced.

7 de octubre. Nuestra Señora del Rosario. 12 de octubre. Nuestra Señora del Pilar.

21 de noviembre. La Presentación de la Virgen en el Templo.

8 de diciembre. La Inmaculada Concepción de la Virgen. 12 de diciembre. Nuestra Señora de Guadalupe, patrona de las Américas. 18 de diciembre. Fiesta de Nuestra Señora de la Esperanza, Virgen de la “O”. Domingo 21 de diciembre (cuarto domingo de Adviento) Clausura del Año Santo Jubilar.
  

 

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Santuario Nuestra Señora Virgen de la Esperanza - Calasparra - Murcia